Selena
Me tumbé en la cama, mirando fijamente el techo como si guardara las respuestas a mis preguntas. Y aunque las tuviera, claramente no tenía ninguna intención de dármelas. Mis ojos recorrieron las finas grietas y los patrones de arriba, pero mi mente estaba muy lejos, vagando por pensamientos que había repetido demasiadas veces como para contarlas.
Habían pasado unos días —no, semanas— desde que me habían apartado del trabajo.
Las palabras de mi jefe se repetían amargamente en mi cabeza mi