Astrid
Levanté la vista hacia Rosa, mis ojos se abrieron instintivamente mientras la curiosidad se encendía dentro de mí. Me pregunté qué tipo de chisme habría recolectado Rosa en el poco tiempo que pasó afuera.
La expresión en su rostro sola me decía que venía armada con información, y Rosa nunca entraba en una habitación con esa cara de satisfacción a menos que trajera algo dramático, té caliente, como solía llamarlo.
Rara vez se le acababa el chisme, pero esto se sentía diferente.
Se sentía