Astrid
El viento azotaba mi cabello contra mi rostro mientras me alejaba del tejado, pero no me importaba. Corrí tan rápido como mis piernas me permitían, luchando por tragar el nudo que se había formado en mi garganta, intentando contener las lágrimas que me negaba a dejar caer. Mi pecho dolía, apretado por dentro, y cada paso se sentía más pesado que el anterior, como si el peso de lo que acababa de ver se hubiera asentado allí para siempre.
Había esperado muchas cosas de Aiden. Su silencio,