Astrid
El aire de la tarde era fresco contra mi piel mientras me estiraba en el banco de madera junto a la piscina, con las piernas extendidas cómodamente frente a mí. El agua reflejaba los colores menguantes del cielo: suaves naranjas que se fundían en un azul profundo, y leves ondulaciones brillaban bajo las tenues luces del jardín. Por una vez, todo se sentía en calma. Sin tensiones de oficina, sin discusiones pendientes, sin emociones complicadas oprimiéndome el pecho.
En ese momento, lo ún