Llego al comedor y ahí se encuentra Gertrudis, sentada en la cabecera de la mesa, se ha tomado en serio sobre la importancia.
—Hola —saluda secamente—, déjanos solas por favor —le dice a la empleada.
Esta asiente y se va, luego tiene toda su atención en mí.
—Espero que sea muy importante. —tiene esa mirada fría y atemorizante.
Yo cierro mis ojos y respiro profundamente, no estoy aquí para caer en provocaciones, vine a negociar mi felicidad en pocas palabras.
—¿Si tienes algo bueno que decir? Po