La puerta se abre y soy reclamada por equivocación.
—Papá, ya te dije que tienes que hablarlo con César… —Se interrumpe en cuanto me ve y queda sorprendido.
—¿Qué debe hablar tu padre con César? —Arqueo una ceja fingiendo curiosidad, pero ya lo sé, ventajas de pensar que siempre me han ocultado todo.
—Madre —se pone nervioso—, no, es algo sobre el trabajo, ¿Y eso que has venido? ¿Te ha enviado papá? —se extraña.
—Sabes que me gusta venir a ver a mis hijos y más ahora que no estás con esa… —Me i