Me quedo callada por unos segundos, debo decírselo, tengo que, aunque me odie por ello, fue obligado, pero le mentí, eso duele mucho.
—No tan bien, no sé lo que pasó, pero me la traje, no sé si hay un problema con eso —le digo y se acerca a mi para darme un beso y yo me alejo.
—Para nada —responde extrañado de mi comportamiento—. ¿Y esa ropa? No saliste así anoche —me examina y es extraño.
¿Por qué lo es? Porque sigo acostumbrada a que todo suene como Alejandro y César siempre habla con much