Samuel se queda callado y sus ojos pasean por las partes de mi rostro.
—Lo haremos por escrito para que tengas la obligación de hacerlo, o si no, trabajaré solo y verás como tú hijo crece sin nada —me amenaza—. Ahora acompáñame porque trabajas para mí.
Yo asiento y él camina de primero para luego seguirlo, salimos de la casa y nos hallamos en el patio, él me presenta con unos cuantos socios para relacionarme con ellos, aunque ya conocía a la mayoría. Uno de sus socios queda hablando con Samuel