Carmen me ayudó a maquillarme con todo su estilo. Tendía a ser escandaloso, atractivo y bastante llamativo. La elección de sus colores hacía resaltar sus ojos y eso me encantaba, por alguna razón esa mujer podía hacer tu mirada atractiva sin llamar demasiado la atención.
—¡Dios mío Carmen, tienes un don!
—¡Ya lo sé! —me respondió ella en tono sarcástico y muy modesto al mismo tiempo que se reía sin parar—. Soy simplemente magnifica con el maquillaje, y además de eso, tengo lista tu ropa para la