Esconde tu anillo o muéstralo sin miedo.
Margaret tenía su típica sonrisa de niña buena. Una sonrisa que nadie podía podría borrar porque solo ella sabía lo que el mundo y las personas ocultaban.
Alexander le dio la bienvenida y ella le entrego aquellas bolsas con el montón de vestidos, prendas, zapatos y ropas casuales. El las tomo con sumo cuidado y me las entrego en mi mano procurando que no me moviera demasiado.
—No fuiste sutil, ¿Me equivoco? —pregunto ella con una sonrisa traviesa viéndolo como si fuera un pequeño.
—No tenía por