La mujer me miro con aires de superioridad, bajo aquellos escalones con aires de elegancia.
Era una mujer hermosa, sus cabellos rubios y ondulados como los de Alexander les llegaban hasta las caderas, aquellas curvas estaban bien definidas de modo que no parecía tener la edad que tanto presumía a la prensa.
Aquellos ojos que brillaban con ferocidad eran del mismo color que los de Alexander, y era ahora donde notaba de quién había obtenido aquellos dotes.
La mujer se paró frente a mi poniendo s