El ruido era constante. No importaba si las ventanas del ático eran de triple panel y estaban insonorizadas contra la ciudad.
El rugido digital se filtraba a través de las pantallas, vibrando en la palma de Diane cada vez que cometía el error de mirar su teléfono.
Internet se había dividido en dos mitades. Un lado la llamaba una estratega, una mujer que había jugado un juego largo y frío para cambiar del príncipe al rey. El otro lado la trataba como una heroína trágica en una novela gótica. Deb