Dejamos a Moritas en el estacionamiento de la empresa y retomamos nuestro camino a casa, como todas las habitaciones estaban ocupadas no me quedó de otra que acomodarme en el sofá de la sala, busqué unas mantas, un almohadón y tomé mi maletín, ahí estaba ese documento que era lo otro que me tenía preocupado, saqué mi lámpara para leer y me acomodé en el sofá, me había servido un whisky para pasar el trago amargo y saber en lo que me había metido.
Abrí el sobre y saqué el documento que versaba a