LAURA JENNER
—¿Es este mi castigo? —le pregunté mientras me ponía la camiseta blanca que me había dicho que me pusiera y que suele llevar cuando va a trabajar. Él está de pie delante de mí solo en su pantalón de chándal, dándome una vista completa de su pecho caliente desnudo y abdominales. Juntó las manos cerca del pecho, mirándome de arriba abajo. ¡Está tan bueno!
—No. Esto es solo el principio—, dijo sonriendo arrogantemente. Apreté la mandíbula.
—Nate. Vamos. ¿Es necesario este castigo? —le