Cuando Alexander la soltó todavía estaba aturdida.
No comprendía a qué había venido ese beso, hasta que escuchó la voz de Tiffany.
—Pensé que me habías invitado a cenar para que estuviéramos juntos, no para verte besando a esta —se quejó la mujer.
Diana se tensó y miró con inquina a Alexander.
No se podía creer que la hubiera hecho arreglarse para restregarle en la cara a su amante.
—Esta es mi esposa, por eso mismo la beso. Lo extraño sería que me vieras besando a otra —le respondió su esposo