-¿Por qué estás llorando? Hice algo que no te gustó, ¿verdad? - se incorporó de un solo movimiento y me abrazó fuertemente-. Perdoname, he actuado como todo un aprovechado y pervertido.
Negué con la cabeza, pero había un nudo en mi garganta que no me permitía hablar. Ni yo misma sé por qué estoy llorando.
-Vayamos a descansar - se veía tan triste y mortificado.
-No hiciste nada malo, Yulek - lo atraje a mi cuerpo de un abrazo, primero porque el frío se estaba colando entre mis huesos; y, segund