Alejandro escuchó un sonido extraño y no recibió respuesta al volver a llamar a la puerta.
Preocupado, decidió entrar.
Miró el desastre que había en la habitación y a Ariel desmayada en el suelo, junto a sus vómitos.
—¡Ariel!— La tomó en sus brazos y la dejó en la cama, apartó el cabello de su cara y limpió su boca, tomó su móvil y llamó a una ambulancia. —Ariel, despierta.— Tocaba su cara, ella movió un poco los ojos y al final comenzó a reaccionar.
—Estoy…mareada.— Dijo sin fuerzas.
—Hemos tr