Keira
Me mojo los labios mirando al monumento alemán delante de mí usando nada más que sus bóxer. Estoy expectante a lo que pasará, pero si de algo estoy segura es que será bueno, ese hombre sabe lo que hace.
—Levántate de la cama —ordena sin rudeza. Lo hago sin pensarlo dos veces. Sebastian sonríe derritiéndome por completo. Ver aquel gesto en su rostro es para mí el mejor de los afrodisiacos—. He deseado quitarte este vestido desde que subiste a mi limusina. —Toma el dobladillo de la falda