Keira
Observo a Sebastian mientras duerme de costado, con un brazo debajo de su cabeza y la otra extendida sobre el espacio vacío a la derecha. Mi lugar. Un juego de bóxer blanco es lo único que lo cubre, el resto de su cuerpo está expuesto a mi mirada. Se ve precioso, en paz. Han sido pocas las veces que he dormido a su lado, las puedo contar con una sola mano, y me encuentro sonriendo como tonta al sumarle una más a mi cuenta.
Camino hacia la cama y, con mucho cuidado, levanto su brazo y me