Keira
Su cuerpo caliente y sudoroso cae sobre el mío, me acurruca contra su pecho y me arrastra con él hasta el centro de la cama. En mi cuello, planta un beso húmedo y luego pronuncia «mía». En otro momento, estaría furiosa por esa palabra posesiva que ha repetido en varias ocasiones, pero no hoy, no cuando sigo sintiendo los rastros de su pasión en el interior de mis muslos. No quiero cuestionar las consecuencias de este encuentro, no quiero pensar en nada más que en lo perfecto que encaja mi