Domingo por la mañana
Camilia se encontraba en el pasillo estéril del Hospital St. Jude, con los dedos temblando mientras firmaba los últimos formularios de consentimiento para la cirugía. Después de entregarle el portapapeles a la enfermera, se acercó a la camilla y presionó un suave y prolongado beso en la frente de su hermanito justo antes de que el celador lo empujara a través de las puertas dobles del quirófano.
Las horas se arrastraron como siglos. Camilia caminaba de un lado a otro por l