Capítulo XXIV

Sin duda para Adara las cosas no habían marchado para nada bien, el dinero poco a poco se esfumó de sus manos hasta haber terminado sin un centavo a la deriva justo como comenzó cuando se emprendió en su viaje en un inicio. Deseaba regresar a su país pero en el fondo sabía que tampoco tenía nada más que a su amiga.

Escucha el llanto de un bebe y de inmediato atiende al llamado caminando deprisa a la habitación tomando a la pequeña entre brazos, contempla la enorme mancha de humedad en una esqui
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