Eres mi rosa sin espinas
Al día siguiente, Alondra Richmond despertó con una radiante sonrisa en el rostro, la cual iluminó toda la habitación.

—No sabes lo feliz que me siento, al verte sonreír de forma tan radiante. —dijo la señora Kim sonriendo.

—¡Señora Kim! ¡No sabe cuanto me alegra verla! —respondió Alondra alegre—. Dígame, ¿Cómo están hoy las chicas? Supe que ellas tendrán una participación activa en el recibimiento Real el día de hoy.

—Así es, el Príncipe Lexter les ha dado a cada una, asignaciones específica
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