Massimo
Cuando Lilibeth entra al comedor, no puedo evitar pensar que se ve muy atractiva, aunque lleve puesta su pijama; pero en cuestión de segundos, recuerdo por qué se encuentra ella aquí y cambio la expresión de mi rostro. No quiero que se dé cuenta de lo que provoca en mí; me ignora como lo ha hecho todos estos días y, a decir verdad, eso me fastidia. Solo tiene ojos para mi hijo y es algo bueno, ya que así él no resiente la falta de su madre.
Entra Charlotte para dejar su plato de desayun