Samantha entró en pánico sin siquiera escuchar las explicaciones que Ryan tenía para decirle, el ambiente se prestaba para malinterpretar y sus ojos denotaban temor.
—¿Qué rayos estás haciendo? — preguntó con la voz temblorosa.
—Samantha, no es lo que tú piensas. No intento hacerte daño, tienes que creerme. — respondió.
—¿Y entonces? Dime ¿qué intentabas hacer? Te he visto desabrochar los botones de tu camisa ¿por qué motivo? — gritó.
—Cálmate, te lo explicaré todo. Esperaré que te relajes,