Hana abrió los ojos. Una profunda nostalgia se instaló en su pecho.
No fue fácil para ella descubrir que su amante no sólo era el hermano del único hombre de quien realmente se enamoró aquella noche en el bar cuando apenas tenía veinte años sino que además era el tío de su hija.
Su madre Keiko, se lo confesó pocas horas antes de fallecer. Y cuando se lo preguntó a Kenji, él fue incapaz de negarlo.
Llevaban dos años y medio siendo amantes. Habían prometido siempre no hablar de su otra cosa