La cabeza de Ryan estaba inclinada, mantenía las manos en su rostro, aún se hallaba de rodillas, y sollozaba con fuerza.
—¡Eres una desgraciada Paige! —exclamó apretando los dientes. —¡Me quitaste los mejores años de la vida de mi hija! ¡Le diste mi lugar a otro! ¡Todo por tu ambición!
El corazón le latía con violencia, la garganta la tenía seca.
—¡Ni siquiera quise conocer a mi propia hija! —gimoteó sintiendo un ardor el pecho que le laceraba el alma. —¿Por qué lo hiciste Paige? —gritó con to