Caroline cerró sus ojos, se recargó en el umbral de la puerta.
—Lo siento, te confundí con otra persona —musitó sollozando, miró al joven—, me alegra que estés mejor.
—¿Qué tienes? —cuestionó Jordan la miró con atención, Caroline temblaba, y sollozaba sin poder contenerse, y él imaginó que algo muy grave debió haberle pasado, ella era una mujer alegre, divertida.
—Nada —balbuceó.
Entonces él con delicadeza la abrazó, Caroline se aferró al pecho de él.
—Con cuidado —advirtió él, frunció los