—Entonces nada, no sé qué haré. Lo firmaré o, ¿no?, Dios, si existes, ayúdame. — Habla sacudiendo su cabeza.
—Helena, pienso que no te queda de otra que firmar el documento, al final y con tantas cláusulas ganarás, él está ofreciéndote una vida llena de lujos, aún mejor que la que tenemos nosotras con nuestros padres, solo debes intentar quererlo, enamorarte de él. — Declara ella con seriedad.
—¡¡Eso jamás!!, ¡¡no lo haré!!, nunca me podré enamorar de ese espanto, antes muerta que enamorada, so