—¡Espera!
Sin previo aviso, una mano desconocida se aferró a su brazo, sacándola de sus pensamientos.
Sus ojos verdes se alzaron para encontrarse con los del extraño: un hombre de aspecto desaliñado y una mirada que hablaba de demasiadas copas y muy poco respeto.
—Ven, baila conmigo —balbuceó él, tirando de ella hacia él.
—Suéltame —dijo Sofía con firmeza, tratando de liberar su brazo. Su corazón latía con una mezcla de miedo e ira.
—No seas así —insistió él, apretando su agarre. La presión de