La relación de Deanna y Jonathan había regresado a su cauce original, todo lo que había cambiado era el “mamá” con que el niño la llamaba ahora. Le sonaba un poco extraño, pero a la vez le hacía feliz oírlo. Solo tenía que habituarse.
-Mamá, tengo hambre – Le dijo el pequeño. Estaban sentados en la sala, leyendo un libro.
Ahora que había crecido un poco se interesaba por otras cosas además de los cuentos. Así que Deanna le trajo uno de sus libros sobre música para despejarle las dudas como podí