Luego de que Lisa me llamara angustiada, fui inmediatamente a ayudarla. Me impresionaba siempre la capacidad que ella tenía de mantener la compostura hasta en los momentos más complicados. Por supuesto que lo que había comentado Perla era completamente falso y yo mismo hablé con los médicos que la atendieron.
Perla seguía actuando, soltando gritos y lágrimas de cocodrilos, señalando a mi esposa, con toda la mala intención, y aun cuando el resto del personal estaba preocupado, de alguna manera