Los labios de Franchesca estaban apretados en una fina línea blanquecina que dejaba en evidencia su creciente estado de odio y desprecio hacia aquel hombre de pie ante ella. Sin embargo, por el rabillo de su mirada pudo percatarse de algo poco común, algo que realmente no esperaba.
Alli, unos pasos alejados de ella se encontraba Daniel, medio escondido entre unas columnas. Sus miradas nunca se cruzaron, no llegaron a hacerlo, puesto que el hermoso hombre de sonrisas fáciles ahora se marchaba a