—No—dijo el millonario con tono firme y aspero.
Las palabras salieron de su garganta de manera rasposa y aspera antes de que pudiera notarlo. Simon, un paso a su lado, volvió el rostro hacia su hermano, con cierta luz de esperanza brillando allí.
Por otra parte, Daniel simplemente fruncio el ceño, mientras separaba ligeramente los labios. Su corazón latiendo de forma frenética, incapaz de comprender que era lo que estaba ocurriendo.
—¿No?—pregunto lentamente el hombre de sonrisas fáciles—. En