Bianca se quito las botas, mientras sentía como el césped verde y fresco acariciaba sus pies, generándole una agradable sensación cosquillante.
A su derecha, unos pasos por detrás, Daniel la seguía con una sonrisa en sus labios, mientras observaba cada uno de sus movimientos con especial atención.
—¿Crees que este muy fría?—pregunto Bianca, deteniéndose justo frente al pequeño rio que serpenteaba, bajando por la ladera de la montaña.
—Solo hay una forma de saberlo—respondio el hombre sonriente,