Era bastante tarde en la noche cuando llegamos a nuestro edificio, ambos estábamos de buen humor. Sonrientes y tomados de la mano, entramos al ascensor.
Abracé a Roberto mientras subíamos cuando se escuchó un gruñido proveniente de mi estómago, estaba muerta de hambre. Me puse roja de la vergüenza y creo que a Roberto eso le pareció gracioso.
— Tranquila, ya mandé a preparar la cena. — Fue el ridículo comentario que hizo.
Llegamos a nuestro Pent-house, todo estaba oscuro, las luces estaban apag