Me acerqué rápidamente al ring, agarrándome con fuerza de las cuerdas.
— ¡BASTA!. — Grité con todas mis fuerzas.
Roberto se detuvo en el acto, me observó con su cara llena de furia, entrecerrando los ojos, me asustó, sin embargo, no me detuve, subí al ring, me acerqué a ellos, con cautela me agaché y sostuve la cabeza de Scott, él sangraba por todos lados, lo revisé bien, ninguna de las heridas eran graves, todas eran superficiales.
Gracias a Dios también había recibido clases de primeros auxil