—¡Ah! ¡Ah! ¡Héctor!
Su melodiosa y dulce voz parecía un afrodisíaco, que los volvía locos. Sólo hasta que el semen de Héctor se liberó dentro de ella, fue que su desesperante celo se controló.
Todos se quedaron dormidos en la cama por lo que pareció una eternidad.
Sin importar el tiempo, las quejas de Héctor, ni Liliana y mucho menos Oliver, le pidieron a Marcus que se fuera. Desde el día en que Marcus narró su parte de la historia, Oliver no tuvo el coraje de reclamar a Liliana como suya de nu