Sebastián
—¿Me pueden decir cómo demonios pudo pasar esto? Era ya la segunda vez, ¡la segunda vez! El enemigo había tomado a mi mate dentro de Medianoche. ¡Mi propia manada! ¿Cuántos alfas podían jactarse de semejante insensatez? —¡Ustedes son mis guerreros! ¡Debían proteger esta manada! —grité, y e