—Somos el uno para el otro —dije, y ella tocaba mi trasero y bajaba por mis piernas. Entrecerré los ojos. Me estaba volviendo loco. Ella me tomaba y yo siseaba. Si íbamos por ese camino, no iba a durar nada.
—Tatiana… —me coloqué sobre ella, y de nuevo volvían los besos enloquecedores, mis manos en