El abuelo de Alessa había sido como un padre para ella, tras la muerte del suyo cuando tenía cinco años. Su madre la llevaba a visitarlo y paseaban por los campos y viñedos que rodeaban la casona, al sur de la capital.
Llegar hasta allá le tomó seis horas en bus.
Fue directo a la iglesia, donde se llevaban a cabo todos los velorios.
—¡Abuelo! —gritó al abrir de para en par las puertas de doble hoja.
Adentro se estaba llevando a cabo un matrimonio.
Corrió a la casona, hasta el final del pue