Lo observo de pies a cabeza y noto una incipiente barba, además de unas ojeras y ropa un poco desaliñada. Me siento culpable aunque no debería, pero se ve que lo ha pasado mucho peor que yo. Suspiro con fuerza y asiento con cansancio, ya estaba por irme a la cama.
—Muy bien, muy bien... Pero regresaremos antes de medianoche, mañana tendré muchísimo trabajo que hacer. —Veo mi reloj, de pronto siento su mano acariciar mi mejilla.
—¿Me amas? —pregunta, con ojos grises y tristes.
—Claro que te amo,