Un suave cosquilleo en mi mejilla me sacó de mis sueños, era tan agradable que me quedé quieto tratando de prolongar la sensación. La calidez que me transmitía Ranzes con su toque era tan exquisita que si pudiera sentirla cada segundo de mi vida sería totalmente feliz, es una pena que sólo sea una fantasía más.
— Buenos días — Digo sin abrir los ojos, si es un sueño no quiero terminarlo tan de repente.
— Buenos días, ¿cómo amaneciste? — Al escucharlo y confirmar que no es un sueño abro los ojos