Narra Hannah Maikel
Cuando Ranzes despertó su cara de confusión lo era todo.
– Buenos días – lo saludo, estaba frente a él mirándolo con una sonrisa pero Ranzes sorprendido arrugo el ceño alejándose
– No, no, no... – se levantó de la cama incrédulo, solo llevaba ropa interior pero ni siquiera se inmuto – ¿Cómo que buenos días? – reclamo mirando por la ventana – ¿Qué paso anoche? –
Fruncí el ceño ¿Y a este que le sucedía?
– ¿Cómo que, que paso? – Pregunté, Ranzes estaba demasiado serio, así