36.- Perdida de cordura.

Caminaba por la pradera que recordaba de niña, mi abuela me esperaba sentada en el suelo con sus piernas cruzadas. Me acerque a ella con algo de pavor, ¿Por qué estaba sentada en el borde del precipicio? ¡Podía caerse al acantilado! La altura en la que estamos no la dejaría con vida, además del agitante mar y rocas que amortiguarían su caída. Cuando estuve lo suficientemente cerca suyo, noté como sus ojos estaban cerrado

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esperanzamartinez031Wow lo logró apesar d todos los pros y contras…pobrecito el bebé y hay q ver q uno peca d mil maneras y no se pone a pensar
Jennifer MorenoQue buena esta la historia quiero mas capitulos
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