—No quiero hablar contigo, madre.
Easen ordena con paciencia las hojas frente a su escritorio, tratando de que no se le junte nada.
—Hijo, solo escucha…
Cerró con fuerza el puño.
—¿Por qué debería?
—¡Por que soy tu madre! ¡Por eso!
—Por que eres mi madre, no te estoy echando de mi oficina. Estoy trabajando, hay un montón de cosas que debo corregir y ordenar pero tú estás aquí interfiriendo.
—¡No te atrevas a hablarme en ese tono, Easen Merph!—lo señaló con un dedo—. Aún puedo ponerte en mis ro