Easen despertó con un fuerte dolor de cabeza, parpadeó varias veces intentando enfocarse a su alrededor.
—Despierta, Easen.
Se incorporó como pudo y se fijó a su alrededor. Todo blanco, aroma a desinfectante, el aire frío. Gimió en voz alta, tapándose la cara con irritación.
—¿Qué hago en un jodido hospital?
En ese momento ingresó Argo, con dos cafés en la mano.
—Eso mismo estábamos esperando a que nos expliques. ¿Por qué tuvimos que arrastrar tu trasero peludo hasta acá? Como si fueras…
—Cuida