Bajo a mi mujer lentamente, haciendo que ella pueda apoyar los pies en el suelo, aunque no la dejo suelta, porque temo que el temblor y languidez de sus músculos la hagan caer. Todavía estoy firmemente clavado en ella, porque a pesar de que hice que se viniera, yo aún no lo hago y quiero darle un orgasmo más antes de dejarme ir. Y pensar que, en una así, en un momento de placer puro entre nosotros, ahora una nueva vida crece en el centro más profundo de su ser y nosotros lo hicimos.
Dentro de