Sé que le dije a Daniela que fuera seria mientras ejercía como mi secretaría, pero ahora, no veo nada en su mirada, está más fría que el culo de un pingüino. Es más, ni siquiera me dedica mucha atención, solo me ofrece mi café, igual que a los demás, y parece querer irse, ¿no trajo uno para ella?
-Hela.
-¿Sí, Sr.?
-¿Por casualidad te compraste algo para ti también?
-No Sr., no me corresponde.
-¿Cómo que no? Si tú…
El grito proveniente de mi costado, más puntualmente de Vanesa, me pone en