Amelia
Desperté con una manta cubriéndome hasta el cuello y un suave cosquilleo en la nariz, como si una pluma me hubiera acariciado sin querer. El sofá… la manta…
Oh, m****a.
Me incorporo de golpe y el mundo gira un poco a mi alrededor. Tardo unos segundos en recordar qué pasó anoche. El cansancio, el mareo, la cena con Alex, su mirada insistente y sus palabras que, sin proponérselo, fueron más dulces de lo que jamás esperé de él.
Y luego… su voz diciéndome que descanse, su mano en mi espalda,